La noche del 19 de enero de 2001 quedó marcada como uno de los episodios más emblemáticos y polémicos del sistema penitenciario mexicano. Ese día, Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera logró escapar del reclusorio federal de Puente Grande, en Jalisco, oculto en un carrito de lavandería, evidenciando la vulnerabilidad y el alto nivel de corrupción dentro de las cárceles del país.
A casi nueve años de haber sido capturado en Guatemala, Guzmán Loera cumplía tres sentencias que sumaban 20 años de prisión por los delitos de asociación delictuosa y cohecho. Inicialmente recluido en el penal de Almoloya de Juárez, fue trasladado a Puente Grande luego de detectarse un intento previo de fuga.
El plan de escape
De acuerdo con las investigaciones, “El Chapo” se escondió en un carrito azul de lavandería, entre sábanas sucias, cubierto con un colchón y diversos aparatos electrodomésticos. El contenedor fue empujado por Francisco Javier Camberos Rivera, alias “El Chito”, empleado de mantenimiento del penal, quien contó con la complicidad de custodios y personal de seguridad.
El recorrido del carrito se realizó por zonas donde el sistema eléctrico de apertura de puertas y las cámaras de circuito cerrado no funcionaban. Alrededor de las ocho de la noche, el contenedor superó la primera revisión a cargo del custodio Francisco Javier Vásquez Cortés, quien declaró posteriormente que no sospechó debido a que sabía que se retirarían aparatos electrónicos del penal.
Complicidad interna
El carrito llegó a la aduana de vehículos, donde el guardia Miguel Leal Amador realizó una inspección superficial y permitió el paso sin mayores cuestionamientos. Posteriormente, “El Chito” condujo el contenedor hasta el estacionamiento de funcionarios, lo abandonó y, junto con Guzmán Loera, abordó un automóvil Ford de modelo antiguo para salir del reclusorio.
El entonces encargado de Seguridad Externa, José Manuel Santiago, habría recibido la orden de no revisar al empleado ni registrarlo en el control de entradas y salidas, lo que facilitó la evasión.
La huida definitiva
Ya fuera del penal, Guzmán Loera le recomendó a “El Chito” no regresar a su trabajo. Ambos se dirigieron a Guadalajara y, en el centro de la ciudad, “El Chapo” pidió al empleado que le comprara una botella de agua en una tienda de conveniencia. Cuando “El Chito” regresó al vehículo, el capo ya había desaparecido.
Consecuencias
Tras la fuga, más de 70 empleados del penal fueron detenidos y cerca de 60 procesados, entre ellos el entonces director del reclusorio, Leonardo Beltrán Santana, quien fue sentenciado a 18 años de prisión, aunque recuperó su libertad en 2010 tras cumplir nueve años por buena conducta.
Actualmente, más de 20 personas fueron procesadas en relación con este caso, entre excustodios, personal de cocina que organizó un banquete en el penal durante la Navidad previa a la fuga, y presuntos narcotraficantes vinculados con Guzmán Loera, además del propio “El Chito”.
La primera fuga de “El Chapo” Guzmán se convirtió en un símbolo de la corrupción institucional y marcó un antes y un después en la historia del sistema penitenciario en México.
